“Mejor que cuando llueva, llueva para todos”, repite Loreto. La misma frase la dijo dos días antes para los medios de comunicación Misael Ruiz, uno de los voceros del Movimiento Social Por Aysén, el hombre más duro del gremio de la pesca artesanal y el autor del eslogan “Tu Problema Es mi Problema”. Loreto es maestra de cocina en un restaurant bautizado juguetonamente como “Ice End”, en la comuna del mismo nombre. Con una mueca de desgano y resignación dice que el desabastecimiento no le importa. “Si entran los camiones van a poder comprar los ricos, yo a estas alturas no tengo plata. Por último, si vamos a luchar, sufrimos todos, como pasa ahora”, dice, para contarme después que al local, generalmente lleno al almuerzo – misma hora de ese momento- hoy han entrado apenas 5 mil pesos.
Razones para aguantar la falta de combustible, azúcar, gas, pan, leche y un largo etcétera, no sobran. Lo que sobran son las quejas por los efectos colaterales, pero lo que llama la atención es que aún así todos concluyen en que si la situación debe hacer crisis, sea ahora ya. Estuve 14 días entre Coyhaique y Puerto Aysén, y en esta última en un solo día entrevisté a 15 personas, acaso buscando algún opositor al movimiento, un matiz de disidencia. Me encontré con oposiciones a las formas, a los desmanes, a lo que sea, pero nunca me hablaron de cejar en la intención y claudicar por un par de camiones llenos de abarrotes. “Acá se entiende que las demandas son necesarias, porque se ha buscado aquí y allá y se ha sufrido por años, por lo que sufrir un poco más a la gente no le significa tanto. Es mucho tiempo sin hospital, sin servicios. Se ve como una causa justa y para que se solucione de una vez por todas”, describe Luis Hernández, dueño del Supermercado Central, ubicado a dos cuadras del puente Presidente Ibáñez de Puerto Aysén.
Tres días antes de esa conversación con Loreto y Luis, un viernes 24 de febrero, se marcó una de las tantas bisagras en medio del conflicto social en la zona. Con el gobierno volviendo a poner como su representante a la intendenta Pilar Cuevas, una serie de declaraciones del ministro de Salud Jaime Mañalich encendiendo los ánimos y el vocero del movimiento Iván Fuentes siendo siempre generoso en sus declaraciones, los casi 400 pescadores que permanecían en las múltiples barricadas de la ribera sur de Puerto Aysén se decidieron a dar un paso más: tras una noche como todas llena de piedrazos, lacrimógenas y balines, decidieron extender la refriega hasta el mediodía y retomarse el puente.
Ese mismo día me decidí a relatar por twitter lo que pasaba. Las fotos que toma el celular de día me permitían contar lo que de noche era imposible, pero no muy distinto. De un lado piedras, reclamos de represión, boleadoras, hondas, redes y neumáticos quemados. Del otro, lacrimógenas, balines (rara vez lanzados a las piernas, es cosa de pensar en cuántos manifestantes ya perdieron la vista) y poca audacia para enfrentarse a escasos metros. Como internet da para todo, el relato que hice – desprendido de interpretaciones, sólo datos- sirvió para que unos vieran ahí la muestra inequívoca de la represión de Carabineros y otros la razón para decir que se trataba solo de vándalos.
Lo cierto es que ese día se dio una escena que ni los reporteros santiaguinos ni los de regiones habíamos visto antes. Unos 60 efectivos de Fuerzas Especiales corriendo hacia el bus y apurando el tranco a pie para llegar a la Comisaría de Puerto Aysén. Sucede que tal como en Valdivia e Isla Teja, el único enlace con la ribera sur en Aysén es un puente. Pero mientras en Los Ríos las tomas duran horas, allá llevaban días, siempre dejando pasar la gente a trabajar, protegiendo a los propios, pero sin piedad con la policía y viceversa.
Cuando el grupo de manifestantes usó como escudo un auto viejo quemado y unas planchas de zinc para repeler balines y bombas, y avanzó envalentonado hacia el norte, Carabineros no tuvo otra que retroceder y dejar la cosa como otras veces. No contaban con que a sus espaldas se habían organizado los otros, los civiles, las familias, las señoras, los adolescentes y los de a pie, con sendas piedras por si la policía lanzaba una sola lacrimógena. Así fue: lanzaron una y la situación para la policía se hizo insostenible.
“¡Váyanse a Santiago, hueones, váyanse, acá no los queremos!”, se repetía en distintas versiones. Esa noche sólo salieron a la calle “los pacos de acá mismo, los que conocemos” (decía un manifestante) y no los otros. Si en otros lados las Fuerzas Especiales son pan de cada día en manifestaciones, en Coyhaique y Aysén no: allá hace cinco años no se olía el ácido de los gases de bombas y no hay universitarios para manifestarse por la Educación. Los jóvenes trabajan o simplemente emigraron.
“Los delincuentes”
Esa noche, con la seguridad de Puerto Aysén a cargo de los líderes de la movilización, con Iván Fuentes llamando a la calma y Misael Ruiz alineando a sus hombres para evitar desmanes. Hubo fogatas en cada calle de la ciudad, el puente quedó abierto para todo tipo de vehículos y el grupo que quiso asaltar un negocio fue reprendido por la propia gente.
El apoyo fue total, pero hay escenas reales. TVN no mentía cuando mostraba imágenes de gente tapiando sus vidrios ese día viernes y cerrando el comercio (no abrió sino hasta el día siguiente). Muchos de esos hombres y mujeres martillo en mano son adherentes, pero en la confusión nadie sabe cuando una piedra, una bala loca, lo que sea, pueda llegar a dar con su propiedad.
En términos generales, en Puerto Aysén mismo la gente se quejó de la cobertura televisiva, porque a falta de camiones no llegaron diarios y dado el abandono regional, poco les importa verlos por internet. Se indignaron con Chilevisión porque en una nota se los habría tachado de “delincuentes” (dos o tres personas encararon a un periodista por eso), una noche quebraron vidrios de una camioneta de TVN y alabaron siempre a CNN Chile, el único medio de TV que podía enlazar extensamente con Santiago.
De todo lo que se informó, probablemente el 90% fue cierto. La histeria de twitter y facebook dio paso a conspiraciones irrisorias, mas otros estaban en lo cierto en querer molestarse por determinados enfoques. A ratos Coyhaique se veía como Chiapas o Bagdad, pero pocos se detenían a pensar que el despacho de imágenes debe ser conciso, impactante, resumido. Si eso no apareciera, los reclamos habrían arreciado. Si en Puerto Aysén habían ollas comunes para reponer a los hombres de barricada, las mujeres juntaban piedras en sacos y se respetó la propiedad de todos, en Coyhaique en la noche la cosa era acéfala y poco solidaria. No solo desaparecieron los contenedores de basura, quemados y expeliendo un poco agradable aroma; también hubo un par de autos desvalijados y por supuesto, bloqueos pacíficos. La policía, una vez más perdió los estribos disparando a la bandada y sembrando el pánico. De noche, era mejor no salir. Lumpen con y sin uniforme.
El baño de Mañalich
Hoy el Gobierno tiene una oportunidad dorada después de varias pelotas rebotando en el área, listas para el disparo ganador. El movimiento accedió a flexibilizar algunos bloqueos, está entrando combustible y remesas con abarrotes; no corrieron el riesgo de que en algún momento la población se fuera en contra de sus propios líderes por no poder solventar sus necesidades básicas. El límite entre la resistencia y la urgencia es diminuto, difuso, por más que las arengas suenen impresionantes. En ese sentido, no se me olvidará lo que me dijo el pescador Henry Angulo al lado de un par de troncos ardiendo: “Mire amigo, somos pescadores acá y estar al lado de una barricada con fuego y sin dormir es como nada comparado con no dormir en la mar y con lluvia. Y recuerde que en dictadura acá los hueones dijeron que como esta era una zona limítrofe y había dramas con Argentina, y que todos teníamos que hacer el servicio (militar). Y la verdad no había más perspectiva para un cabro de 17 años después de salir del colegio: ¡Al servicio, mierda! Y el hueón de Pinocho nos mandaba a hacer eso, poh, si había que mear pa´ dentro, se meaba pa´ dentro”.
El jueves 16 de febrero llegaron a la zona los ministros de Salud y de Transportes. El titular de Salud Jaime Mañalich salió después de más de dos horas de reunión con los líderes declarando que había humo blanco – es cierto que es el único punto de once que hoy está zanjado- en lo suyo, mientras el ministro Pedro Pablo Errázuriz seguía en el segundo piso de la Gobernación. Todo miel sobre hojuelas. Dos horas después, un grupo de dirigentes sale gritando consignas y en apariencia la mesa estaba quebrada, pero pidieron esperar a Iván Fuentes para hablar con los medios. Lo que pasó fue lo siguiente: conciente del cierre de medios y noticieros, Mañalich salió de la sala diciendo que iba al baño cuando en verdad fue a hablar con la prensa, sin esperar ni hacer gesto al movimiento, cuyos dirigentes se enteraron por sus teléfonos de la mala jugada.
Aún así, Mañalich salió respaldado. “Hizo la pega, nos trajo propuestas claras, una exposición muy buena, no como Errázuriz”, dijo después Misael Ruiz. El gesto había molestado muchísimo, pero no lo desacreditó. Quién sabe por qué, en los días siguientes el titular de Salud se despachó a gusto por los medios contra sus interlocutores, tildándolos de estar monopolizados por “Patagonia Sin Represas” y luego culpando al movimiento de la muerte de un ciudadano coyhaiquino, algo que hasta la propia familia desmintió.
Ese fue el simple inicio de los sucesivos desperdicios y ninguneos de parte de un Gobierno que hoy tiene la gran chance de cerrar un acuerdo que podría hacer amainar el viento en contra, y acaso desactivar otros conflictos en ciernes. La región de Aysén no sólo es la tierra de las oportunidades para las empresas hidroeléctricas, los médicos (que parten ganando $3 millones), los uniformados (que ganan zona) o los funcionarios del poder judicial (ídem a los galenos). El Estado de Chile puede hoy dar un signo que existe real soberanía continental a lo largo de todo el país, de evitar manifestaciones chauvinistas y oportunistas con banderas argentinas.
No sólo eso. La gran oportunidad es la que tenemos como sociedad en pleno. No puede ser que la masa sepa contrastar contenidos sobre estrellas del espectáculo, hacer uso del gratuito y bendito zapping para los bloques deportivos y ser histérico o indolente (no hay términos medios) sobre los conflictos sociales. No sólo no es posible informarse – jamás- por un solo medio o soporte. Hacer el collage, la secuencia de nuestras ventanas de internet, de minutos de TV, de líneas en el papel es lo que nos lleva al panorama completo, contrastado. No vamos a esperar que un diario reproduzca al día siguiente 16 horas de cobertura radial del día anterior. Tampoco se trata de hacer jugo de peras y manzanas: los medios locales manejan al callo lo que La Moneda no se molesta en saber; los nacionales, la línea de transmisión y esa residencia permanente donde afilan el cuchillo y trozan la torta.
Aún más que lo anterior, la chance viene por enterarnos antes y no después, tomar el carro estacionado a punto de partir y no andando. Podemos empezar a definirnos como sociedad y mirar el mapa y enterarnos antes de qué pasa en las regiones, de saber dónde está y qué ocurre en Hualañé, cuántas personas viven y desviven en Hualpencillo, reconocer que en Aysén hay también un Chile Chico, una Caleta Tortel. Superemos los trances tipo mall de Castro, no nos informemos de que existe Curepto cuando su hospital es inaugurado con enfermos falsos. Demos el paso de creer que Iquique queda “casi al lado de Arica, es cosa de tomar un bus” y de espantarnos al saber que Salamanca no sólo está en España, sino que a316 km. de Santiago en la región de Coquimbo. Y por sobre todo, que allí vive alguien al que – como dijo por ahí un limitado- “nadie obligó a quedarse”, pero que por sobre todo no quiso irse.




No había terminado de darle vueltas a una reyerta mediática que sólo traía bicarbonato en sus aguas – la de Fito Páez y Arjona- , cuando llegó una pequeña bomba que tiene más las características de una mina antipersonal abandonada en el desierto. Es decir, nadie sabe dónde está, pero se sabe que existe, y tal vez haya que tener cuidado.


